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Coronavirus: las lecciones más grandes en esta cuarentena vienen de los más pequeños

Toque de queda. Para quienes crecimos en las décadas del ochenta y noventa ese término ya se empezaba a sentir lejano. Como si fuese parte de otra vida, de un universo paralelo. Hablar de épocas donde los apagones eran una rutina, los productos escaseaban en las góndolas, y salir de noche era un acto prohibido podía llegar a sonar a relato medieval en la era de la generación Alpha (nacidos a partir del 2010), no hay duda al respecto. Era un pasado difícil de asimilar y de explicar cuando en el presente casi todo se resuelve apretando la tecla correcta en una aplicación de celular. Se resolvía, más bien. Hasta hace muy poco todo aquello que componía esa normalidad dio un vuelco y nos obligó, con el fin de proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean, a permanecer en casa para evitar el contagio de coronavirus.

Al mundo que creíamos conocer accedemos hoy a través de recuerdos, fotos en Facebook o Instagram, y eventuales reflexiones frente a la ventana. Los adultos todavía estamos aprendiendo a lidiar con esta nueva situación. Las lecciones más inesperadas vienen de los más pequeños.

JUGAR A LA CASITA

Mía dibuja a su mamá saliendo a comprar. La ha retratado muchas veces, con su pelo largo y su ropa de colores –con solo seis añitos tiene buen ojo para el detalle– pero hoy se asegura de añadir una mascarilla para que su boca esté tapada. La seguridad ante todo, incluso en el papel. Completa su obra con un detalle místico-religioso: en la esquina superior derecha hay una figura de la virgen María. Ella matará al virus, quiere creer la pequeña. En el otro lado del mundo, el avispado Guillermo, de cuatro años, lleva un mes y medio sin ver ni a sus amigos del colegio ni a sus abuelos, aunque sus casas se separen por escasos metros. Como él, muchos niños en España han pintado carteles que colgaron de sus ventanas y balcones, con el objetivo de que otros niños puedan ver que no son los únicos que están pasando por esto. Ninguno puede salir al parque, celebrar su cumpleaños con primos o compañeros de clase, o jugar un partido de fútbol. El cartel de Guillermo tiene un arcoíris.

“Si los niños ven a sus padres tranquilos, será más fácil que ellos se sientan tranquilos. Es importante darnos un tiempo para compartir juntos, entrar en su mundo y estar muy atentos: los niños suelen expresar más fácilmente lo que sienten representándolo en el juego”, sostiene la psicóloga y psicoterapeuta Luciana Lúcar. Los adultos a veces olvidamos que la seguridad se puede transmitir de muchas maneras: con lo que se dice y con lo que no se dice. “La información que les brindemos y cómo la brindamos será clave para que ellos puedan afrontar lo que venga de la mejor manera”, continúa Lúcar. Aquí es donde se presenta quizá lo más difícil: ¿qué pasa cuando los padres no lo sabemos con certeza? Conviene aplicar la regla de oro en toda relación humana: no mentir. “No nos adelantemos a las cosas que aún no sabemos. No podemos sembrar ilusión con que todo volverá a la normalidad pronto, pero tratemos de ser proveedores de calma y hablar claro. Resolver sus dudas sin dar muchas vueltas”, aconseja la especialista.

Tras un mes en cuarentena, los efectos del aislamiento social en la vida de los niños –educación; relaciones familiares y amicales; actividades lúdicas al aire libre– todavía siguen causando estragos. Muchas familias, sin embargo, han logrado encontrar una especie de normalidad, de equilibrio en este período. El tema pendiente, y donde menos recursos tenemos, posiblemente sea hablar sobre lo que vendrá después. “Es importante conversar sobre el futuro, y de lo incierto que es este futuro”, indica la psicóloga Lara Aguirre. “Los niños necesitan saber que todos estamos aprendiendo a manejar esta situación poco a poco y sobre la marcha. Pongámosles el ejemplo de la misma cuarentena: cómo fue cambiando semana a semana. Deben saber, además, que cuando la cuarentena se levante el mundo no será igual por un tiempo”.

Aquel momento postcuarentena, sea cercano o lejano en el panorama, también debe entenderse como un tiempo de transición que debemos manejar con calma, respetando las medidas de seguridad. Los niños deben saber que todavía no habrá fiestas ni cine; quizá incluso no haya visitas a los abuelos. Hay muchas cosas que no sabemos, pero debemos ir preparándolos de acuerdo con su edad. “Ellos merecen saber que estamos en un tiempo complicado. Y esa información, aunque no lo parezca, los calma. Algún día miraremos atrás y nos acordaremos de esto. Ahora la historia se está escribiendo día a día”, finaliza Aguirre. Esto aplica para niños… y para grandes.

Fuente: El Comercio

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